Posteado por: Alberto C. Molina | 02/08/2009

Concierto Coldplay

Volvemos a sentir el viento sobre la cara. Arriba, el cielo. No sé si estrellado o “lunado”, la verdad es que no me fijé. En nuestros oídos todavía suenan la percusión de Will Champion, los acordes de Guy Berryman y Jonny Buckland, y la voz y el piano del señor Martin, Chris Martin. Echo un vistazo al reloj: once y media, minuto arriba o abajo. Rubén y yo enfilamos el camino hacia la boca de metro más cercana dejando atrás el Palacio de los Deportes. Paso ligero, no hemos comido nada y con todo cerrado a nuestro alrededor hay que llegar a casa cuanto antes, lo cual no nos impide intercambiar impresiones por el camino. “Qué cola, menos mal que llegamos dos horas antes y cogimos un buen sitio”. Hace calor, bastante calor. Desde las alturas el sol maltrata la nuca, quema, tanto que de vez en cuando hay que moverse para igualar el bronceado. Llevamos cerca de veinte minutos en rigurosa fila india, son las seis y veinticinco y cada vez llega más y más gente —y eso que por delante el reguero es mayor aún—. El tiempo se vuelve perezoso, parece no querer correr, pero no importa, está todo controlado. Sacamos los auriculares y escuchamos música para amenizar la espera y calentar motores: Violet Hill, Speed of Sound, Low, etc. Y qué casualidad, una mujer reparte publicidad de la nueva película sobre U2, para que luego se pregunten por ahí por qué siempre que se habla de Coldplay sale a la luz el tema de Bono y compañía…

Avanzamos, el gentío se va dispersando. Unos se pierden entre las calles cercanas, otros se marchan en autobús, los menos en coche, nos aproximamos al metro. El pitido de los oídos persiste. “Nunca había visto nada parecido, ha sido un espectáculo. El ambiente ha sido increíble, toda una fiesta, y qué cerca los hemos tenido”. La música continúa, no hay un momento de respiro.  Chris recorre el escenario de punta a punta, haciendo gala de sus típicos aspavientos, toca la guitarra , el piano… todo mientras sus compañeros intercalan las notas del último disco, Viva la vida or death and all his friends, entre éxitos de X&Y y Parachutes, dando forma a un directo notable, vocal e instrumentalmente.

Fotos por aquí, vídeos por allá, palmas, palmas y más palmas. Coreamos entusiasmados y nos movemos al unísono en una especie de multitudinaria coreografía, como si fuéramos olas engendradas por el viento que rompen contra las rocas en un estallido de alegría general. Entonces un rumor sacude las aguas y se propaga veloz. La banda al completo abandona el escenario principal y se dirige hacia nosotros perseguida por los focos. Se detienen a escasos diez metros y continúa el concierto desde allí, la pasarela derecha. Suena God Put a Smile Upon Your Face, pero diferente, con otro ritmo, no el del disco, sino uno más psicodélico por así decirlo. Luego llega el turno de Talk, más reconocible, y uno de los momentos mágicos de la velada, o al menos para mí por ser una de mis canciones favoritas, The Hardest Part, con el Palacio a oscuras salvo un único punto de luz concentrado en Christopher, sentado al piano en solitario.

“Ha estado muy bien, todo, incluso el horario. Esta vez fueron puntuales, lo digo porque en el último concierto de Travis no ocurrió lo mismo”. Hace un rato que el último pipa desapareció tras la lona. El hombre que tengo a mi lado, mejor dicho, pegado a mi lado, porque aquello no es normal (parecemos sardinas en lata), comenta a su compañero que el telonero será el hermano de uno de los miembros del grupo. En estas que aparece una banda, con batería y cuatro instrumentos de cuerdas entre bajos y guitarras  con Albert Hammond Jr a la cabeza —esto lo descubrí más tarde—, aunque ni eran The Strokes ni la banda del hermano misterioso.

Albert viste de blanco impoluto, inmaculado, no como el sonido, excesivamente alto, que nos privó de escucharlos como merecían. Pero a pesar de los pesares cumplen y dejan una buena sensación en el ambiente, la cosa promete. Huérfanos de música, volvemos a quedarnos solos en medio de aquel inmenso mar de gente, tratando de conservar nuestro lugar a duras penas, como buenamente podemos entre empujones y derivados. En estas continuamos cuando media hora después de la actuación de los teloneros, de repente se apagan las luces, son las nueve y media. Ante el asombro general empieza a sonar la Marcha Radetzky de Strauss —ya sabéis, esa con la que año sí y año también concluye el Concierto de Año Nuevo vienés—, y todo el mundo termina tarareándola. Nada más exclamar el último “la”, “ta” o similar —eso dependió de la versión que cada cual improvisó—, regresó la luz al recinto y la Marcha dio paso a Life in Technicolor. En el escenario, al fin, encontramos a Coldplay, con la pintura de Eugène Delacroix como telón de fondo. Mejor no pudieron comenzar, con Violet HillClocks e In My Place, seguidas, así, una detrás de otra, o lo que es lo mismo, con una concentración de temazo por metro cúbico sobrecogedora. “Es que no se podían marchar sin  Yellow, y eso que no tocaron Green Eyes“. Nos detenemos en un paso de cebra, con la boca del metro de Goya a la vista, a la espera de que el hombrecito de verde nos dé su visto bueno para continuar. Después de irrumpir en uno de los laterales para actuar literalmente al alcance de la mano del público que abarrota el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, aparte de obsequiarnos con una lluvia de mariposas de papel, los londinenses se despiden en castellano, el mismo que durante toda la noche ha exhibido Chris Martin con mayor o menor acierto, el mismo con el que se atrevió a improvisar una simpática cancioncilla acerca de la calidad de su castellano. Sin embargo, de allí no se mueve nadie, es más, el estadio entona el estribillo de Viva la vida una y otra vez hasta que Coldplay vuelven a la pista envueltos en lásers amarillos. No necesito más de tres notas para reconocer el bis, Yellow, la canción con la que se dieron a conocer en el año 2000; la disfrutamos como si fuera la última, de hecho, fue la última. Bajamos las escaleras y llegamos al vestíbulo. Sacamos los billetes. “Me gustó mucho la versión que hicieron de Lost!, más movidita, pero destacaría dos momentos por encima del resto, Fix You y Viva la vida, ¿y tú?”.

“When you try your best but you don’t succeed, when you get what you want but not what you need”, se alza un coro de voces, se trata de Fix You, el primer gran momento del concierto de la noche del 7 de septiembre. No obstante, no fue un clásico de la banda el protagonista del momento en mayúsculas —MOMENTO— de la noche, sino uno de los nuevos. La interpretación de Viva la vida, el último single y el más aplaudido de los británicos hasta la fecha, fue sencillamente inolvidable, y  ya no por su calidad, alta como todo lo demás, sino por la comunión entre músicos y seguidores, que alcanzó su cota más elevada, de forma que todos cantamos  como una sola garganta, y en especial ese “Oooooh oooooh”, desde  aquel momento himno de la banda. Emocionante.

Innovar, innovación, innovador, innato, no esperad, eso último no. Es igual, lo que ocurre es que llevo un par de días con la idea de hacer algo nuevo, “lo nunca visto” que diría un vendedor de teletienda o el jefe de pista del Circo Mundial. Si mal no recuerdo todo empezó la semana pasada, antes del concierto de Coldplay. Sí, fue antes del domingo, el viernes tal vez… Vuelve a ser indiferente, no nos desviemos del tema. El caso es el siguiente. A propósito del susodicho concierto, comencé a poner en funcionamiento mi cabecita loca; no sé, me apetecía preparar algo para el blog, pero no la típica crónica que cualquiera podría escribir sin haberlo visto en directo siquiera; algo especial. Entonces fermentó, neurona sobre neurona —y sobre neurona una—, la idea de realizar un reportaje en imágenes. Error. Sentí un chispazo cerca del bulbo raquídeo, sin duda alguna debido a un cortocircuito. Y era normal, porque a no ser que comprara una videocámara en condiciones, con mi Starblitz —y escribo la marca no para hacer publicidad, sino para haceros un favor— no lograría obtener nada decente. Además, de todas formas no sería el primer reportaje de la historia, ¿o sí? Desechada la ocurrencia del reportaje, y a escasas horas para ver a los británicos, en vivo se entiende —en YouTube también los veo, pero no nos engañemos, no es lo mismo—, eché el freno de mano y le di a mi cerebro el resto del día libre, entre otras cosas porque no se me ocurría nada más y el tiempo se agotaba alarmantemente. Pues bien, aún debe de estar por ahí de fiesta porque todavía lo estoy esperando, así que del tema de innovar, nada de nada. He llegado hasta tal punto que voy a tener que narraros lo sucedido empezando la casa por el tejado, desde el final, aunque a  medida que recuerde detalles, si es que los recuerdo, tendré que dar saltos en la historia. Pónganse cómodos, pasen y vean…

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Respuestas

  1. COLDPLAY 4 SEP 2009 sonido lamentable,poca fuerza y entrega,errores garrafales, esa es mi descripción de su actuación. si quereis escucharlos compraos un cd, no hace falta que te lo regale coldplay al acabar un concierto patético.

    resumen: espectacular audiovisual, horrendo sonido i escenificación. U2 estan en otra liga indudablemente

  2. Vaya, no asistí al concierto pero vi la noticia en el telediario y tu opininión coincide con la de varios seguidores, y cuando el río suena… agua lleva, o eso dicen. En fin, afortunadamente el que ofrecieron en Madrid el 7 de septiembre de 2008 fue otra historia. Gracias por el apunte.


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