Loquillo y los Trogloditas, Radio Futura, Alaska y los Pegamoides, Los Pistones, Nacha Pop, La Unión, Tino Casal, Mecano, Gabinete Caligari, Los Nikis… ¿Te suenan? Si la respuesta es afirmativa, entonces podrás decir qué tienen en común todos esos grupos, ¿no? Para l@s que hayáis acertado, enhorabuena, como diría Karlos Arguiñano, vuestro coeficiente intelectual musical es “rico, rico y con fundamento”, y para aquéllos que no, tranquilidad, no os preocupéis; aquí mismo encontraréis todas las respuestas.
Porque por alguna razón he creado esta nueva categoría en el blog, que no es otra que descubrir la música de La Movida Madrileña, el movimiento cultural que inundó todos los rincones de Madrid durante la década de los ochenta, y que contó como pilar con la juventud y sus ganas de disfrutar de la vida. Después de más de treinta años de dictadura franquista de penurias, represión y censura, la Transición trajo consigo una bocanada de aire fresco y libertad en la España de finales de los setenta. Esta apertura se experimentó en todos los ámbitos, desde la literatura hasta el cine, incluido el musical —como no podía ser de otra manera—. De esta manera, corrientes del exterior, como el Punk y el New Wave, fueron adoptadas por los músicos nacionales, y en la capital se concentraron y entremezclaron para dar lugar a “La Movida”.
La noche madrileña se convirtió en un hervidero de nuevos grupos y artistas ávidos de una oportunidad. En este sentido fueron fundamentales los sellos discográficos independientes, que surgieron por aquél entonces, como Dro o MR, y los locales que acogieron sus actuaciones, verdaderos lugares de culto, como el Rock-Ola, El Sol, La Vía Láctea o Pentagrama, por no hablar del Rockódromo de la Casa de Campo, inaugurado gracias al alcalde Enrique Tierno Galván, quien no dudó en integrar a los jóvenes en sus planes municipales.
Pero “La Movida” no se limitó a la aparición de nuevas formaciones, sino que revitalizó el panorama existente menos comercial, y en especial al Rock ‘n’ Roll, que ya contaba con nombres como Barón Rojo y Leño. Además, el movimiento se extendió por el resto del país, cobrando una especial relevancia en las ciudades de Barcelona y Vigo.
