Es tiempo de exámenes aquí, al este de Madrid… Bueno, al este, al oeste, encima, debajo, y si me apuráis incluso en el universo en expansión. Duermes poco y lo poco que duermes no te cunde, porque claro, en cuanto tu cabeza roza la almohada empiezas a darle vueltas al examen del día siguiente —es algo instintivo, un acto reflejo—, y tratas de hacer memoria para ver si recuerdas algo de lo estudiado, ahí, a la desesperada.
Al final no sirve de nada, porque como no te acuerdas de todo, por no decir de nada, te empiezas a poner nervioso pensando en lo mucho que te queda por estudiar y principalmente en el poco tiempo que tienes, y acabas soñando con los apuntes del compañero de la tercera fila. Vamos, lo dicho, ni duermes, ni descansas, ni nada, y te despiertas con unas ojeras de lechuza y una ansiedad de caballo que no te la quitas ni con una ensalada de valeriana.
Bien, como imagino que a estas alturas estarás pensando otra vez que por qué te cuento yo estos rollos, pues te diré que porque dentro de poco tengo examen de Movimientos Literarios y me viene bien escribir algo, y si con un poco de suerte lee esto mi profe, igual me sube un punto por redacción— y porque mi ego es tan grande que cuando viajo en avión necesito dos billetes—. La verdad es que con la que se me avecina ya no sé ni lo que digo, y además, ahora que me doy cuenta, con este post estreno lugar de trabajo y aún me estoy haciendo al cambio (me he mudado al salón, mucho más amplio, ceniceros de diseño, televisión a color, dolby surround, etc.), pero en fin, esa es otra historia.
Antes de ir pensando en terminar, voy a dar la bienvenida —oficial— a los nuevos lectores del blog procedentes de esa droga blanda llamada tuenti, y por supuesto a todos los que ya estabais ahí detrás. Tenía ganas de filosofar sobre la vida y el amor, pero bueno, ya escribiré un libro en cuanto tenga otro rato tonto.
Como esto es un blog de música, aunque en ocasiones como esta no lo parezca, voy a poner el broche de oro hablando un poco de eso mismo, porque si hay algo con lo que me relaje entre tanto estudio es la música. Estoy enganchado; que si el móvil, el ordenador, la radio, vamos, que no paro quieto. Me pasa como a Montes con LaSexta, que me gusta, me entusiasma, me entretiene, y ahora me ha dado fuerte con Thin Lizzy, Blondie, y Enya, ojito.
¿Que qué tiene que ver ella con el Rock? Pues ahora no caigo, pero ya dije en el post de Music of the Spheres que a veces apetece escuchar algo relajante, y lo decía por mí—recuerda las medidas de mi ego: 60, 90, 60—. Entre la universidad, los amigos, que si tal que si cual, llevaba unos meses de emociones fuertes y necesitaba una dosis de algo más suave que mis infusiones diarias de Heavy Metal, así que una tarde me acordé de May it Be, tema de la BSO de El Señor de los Anillos, investigué y di con la irlandesa. Qué voz. Me despido con dos de sus canciones, para que luego me digan por ahí que no todo en la vida son guitarras eléctricas. Gracias por haber leído hasta aquí, paz.
May it Be
Only Time







